viernes, 19 de noviembre de 2010

El gran cambalache

Si hay algún ser vivo en este planeta que represente un cambalache, ese es el ornitorrinco. Ahí va su historia:



Cain Doherty (2008) en Cradle Mountain, Tasmania, Australia.

Hace muchos, muchos años, durante la época de las grandes evoluciones, había un pequeño animal que no sabía hacia dónde quería dirigirse, el ornitorrinco. Tenía la suerte de que era muy observador así que eso fue lo que hizo.
Cada mañana se iba a una parte del río para observar a los demás animales y poco a poco fue apuntando en una lista cómo quería que fuesen las distintas partes de su cuerpo según sus necesidades. Una vez completa, ni corto ni perezoso se marchó a hablar con sus vecinos.

- Señor Pato, he visto que usted utiliza el pico para escarbar en la arena y sacar gusanos, renacuajos e insectos. ¿Dónde podría conseguir un pico como el suyo para poder comer?

Tan contento estaba el ornitorrinco con su pico de pato, que se fue corriendo al río a probarlo. Cuando ya llevaba un rato sumergido... "¡Brrr, qué fría está el agua! Esto me recuerda que debo hacer mi siguiente visita."

Raudo y rápido se dirigió a la guarida del oso. Estuvo un buen rato pensando si llamar a la puerta o no; al fin y al cabo, el oso es un animal muy grande y tiene unas zarpas enormes... Cuando por fin se decidió no contestó nadie. Apesadumbrado, se dio media vuelta y se encontró de bruces con una mata de pelo marrón.

- Orni, ¿cómo tú por aquí?

Nuestro amigo el ornitorrinco empezó a temblar y con un hilo de voz, consiguió decir:

- Hola señor Oso... Me preguntaba... Me preguntaba...

- Habla sin miedo, colega, que no te morderé.

- Pues... he visto que usted es capaz de pasar mucho tiempo metido en el río porque tiene mucho pelo. Tanto, que es como si llevara un abrigo. ¿Dónde podría conseguir un pelo como el suyo para no pasar frío en el agua?

El ornitorrinco se fue a su siguiente parada pensando en que a pesar de lo fiero que parecía el oso, era un buen tipo. "Las apariencias engañan, je, je." - rió de buena gana.

La nutria estaba concentraba en el cangrejo que tenía agarrado entre las manos. Todo el mundo sabe que no se puede molestar a una nutria cuando está comiendo, son muy susceptibles, así que el ornitorrinco esperó. El problema es que las nutrias son muy rápidas y nada más terminar de comer se lanzó al río. Podía nadar contracorriente o a favor de ella. Arriba y abajo. Arriba y abajo. Incansable. Era la dueña de la poza y no había quién la sacara de ella. Cuando por fin se paró, el ornitorrinco se acercó a ella.

- Señora Nutria, he visto que usted puede nadar mejor que nadie en el río, en cualquier dirección. Tiene usted unas patas con membranas que le permiten remar y también tiene dedos con los que coger cosas. ¿Dónde podría conseguir unas patas como las suyas para poder nadar y agarrar?

Su proyecto estaba a punto de terminar, sólo le quedaba una pequeña cosa. O grande, según se mire...
El castor estaba en su dique, como siempre. Le gustaban mucho las corrientes del río, pero solo para jugar. Para su madriguera prefería un remanso de paz. Siempre estaba reforzando el dique y más en esta época del año, cuando el agua bajaba con mucha fuerza.

- Señor Castor, he visto que tiene usted una cola grande y plana que le sirve para propulsarse en el agua. Yo ya tengo unas patas que me ayudan a impulsarme pero, ¿dónde podría conseguir una cola como la suya para que me sirviera de timón?

Satisfecho, el ornitorrinco se fue derechito a casa. Había sido un día muy fructírefo y estaba agotado. Se merecía un buen descanso.
Por el camino se cruzó con una serpiente que estaba vigilando sus huevos.

- Hummm - pensó - cuando tenga una novia tendré que hablarle de esto.

*****

Ahora ya sabéis porqué el ornitorrinco es un animal tan extraño que se parece a muchos otros. Lo que todavía no se sabes es qué le dio a los demás a cambio.

FIN


Para mis sobrinos, en especial para Julia, que le falta poco para nacer.
Para que aprendan a valorar lo bueno que tienen los demás.



Víctor Moreno nos muestra en este corto su particular visión de los ornitorrincos.

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